Mi jardín de flores amarillas estaba siempre abierto
para que pasaras a contarme un cuento.
Mi jardín de flores amarillas no dejaba de regarse
con la ilusión de que ya no fueras invitada
y te quedaras para siempre.
Soñaba que jugábamos y bailábamos
por horas.
Me abrazabas y cantabas,
nos reíamos como locas sin parar.
Cada día que pasaba,
yo te esperaba con mis flores preparadas.
Esperaba poder verte feliz y sonriente,
y que pudiera ser un para siempre.
Pero un día tuve que aceptar,
aunque me partiera el corazón,
que en ese jardín no habitábamos las dos.
Estaba yo solita, con mis flores margaritas,
pasándolas de agua,
mientras te esperaba.
Las tardes se pasaban y nunca llegabas.
Un día dejé de esperarte,
para poder crecer,
y amarte con total intensidad.
Y así fue que decidí teñir mis flores amarillas,
de color carne y hueso.
Llenarlas de colores de perdón.
Entonces pude ver que tenías otras flores,
distintas a las margaritas.
No eran las que yo regaba,
pero eran las tuyas.
Entendí que siempre me las regalabas,
a tu forma y tus tiempos.
Y pude ver que nunca dejaste
que se marchitaran ni murieran.
Es por eso que hoy te digo:
gracias.
Muchas gracias por la vida,
la fuerza y la valentía.
Hoy mis flores ya no son amarillas,
ya no tengo un jardín lleno de margaritas.
Pero aprendí a visitarte
por el que lleva tu nombre,
en paz, amor y armonía.
entre versos.
¿A qué le temes?
¿A qué le tienes miedo?
Si tan sólo pudieras hablar…
Si tan sólo pudieras sostener
tu corazón entre tus manos.
Me gustaría ser distinta,
poder leer el amor en acciones,
como sos vos.
Pero no puedo…
Y no sé cómo llenar tus silencios,
para entrar a ese lugar.
Quisiera poder sentir un te amo con telepatía.
Poder subir mi autoestima.
Poder dejar de lado un abrazo,
Y llenarlo con fantasías.
Sólo quisiera poder conocer
ese lugar tan secreto.
Al que nadie accede.
Quisiera poder entrar como invitada,
sentarme a tu lado
y escuchar tus historias.
Pero la puerta está cerrada…
Y se me pasa la vida si me quedo buscando
la llave para abrir
el lugar de tus silencios.
Corazón de cartón, cartón mojado.
Soledad en tu alma, por doquier.
Olores a mentira, sabor a escondite.
Miedo a todo, ganas de nada.
Ya te fuiste de mi,
y te ocupaste de empapar
los recuerdos de amargura,
empañaste hasta los que no teníamos.
Me dejaste vacía,
ya no tengo ilusiones ni discusiones.
No queda futuro, presente ni pasado.
Empañaste el para siempre.
Camina, camina lejos
hasta que ya no vea tu huella.
Sigue por el desvío,
así no nos cruzamos,
ni aquí ni en la luna.
Ni aquí ni en la luna,
tu y yo.
Me llevo en la maleta los viajes
que encendieron la chispa tenue
y que estaba a un soplido de apagarse.
Me llevo aprendizajes, de esos
que duelen, que pesan, que hacen
correr agua;
pero que, a fin de cuentas,
curan y hacen crecer.
Me llevo nuevos sueños y nuevas personas.
Una nueva versión de mí misma.
Me llevo risas y amor.
Me llevo azulejos rotos
que aún cicatrizan en mi cuerpo.
Me llevo batallas perdidas contra
el universo y preguntas sin respuestas.
Fe en mí y en el poder de los procesos.
Me llevo la infinita certeza de que todo
pasa cuando tiene que pasar.
Una vida sin padecimientos,
con amor y gratitud.
El deseo incansable de encontrarme.
Por fin, me llevo la llave
de la puerta que dejo cerrada
para volver abrirla, quizás,
en otra vida.